


Nogal y pintura al óleo
70 x 60 x 17 cm
Ubicación actual: En colección privada
Este especiero de nogal es más que un mueble: es un homenaje vivo. Hace casi cuarenta años, mi tío construyó el original para el cumpleaños de mi madre. Estuvo en cada cocina que he llamado hogar, una presencia constante en el telón de fondo de la vida familiar. En una fotografía antigua puede verse posado entre mi madre y mi tía, sencillo y elegante, ya querido. Tras su fallecimiento —mi madre, mi tío y mi tía, todos en un mismo año— sentí la necesidad de honrarlos de la mejor manera que sé: construyendo.
Reconstruí el especiero en nogal macizo, usando únicamente espigas de madera y uniones tradicionales —sin tornillos, sin atajos—. Cada canto, cada ajuste, fue medido con esmero y cortado a mano. Dejé que la veta de la madera contara la historia, fluyendo de forma continua a lo largo de los tres cajones como frases sobre una página. Los tiradores de porcelana replican los originales, pero incorporan un toque personal: motivos florales en azul suave, elegidos por su calidez. Añadí detalles funcionales como ganchos ocultos y una barra de latón para el rollo de papel de cocina, fusionando la tradición con mejoras sutiles.
En un lateral pinté una hortensia —"hortensia" en francés— para la hija pequeña de mi primo, Hortense. Es una dedicatoria discreta, escondida en la veta como una bendición secreta. Este especiero es, con diferencia, el objeto más refinado y sentido que he construido jamás. Puso a prueba mi precisión, mi paciencia y mis emociones. Se lo regalé a mi primo por su cumpleaños, sabiendo que encontraría su lugar no solo en una pared, sino también en un linaje. Hoy cuelga en su cocina, como el original lo hizo en la nuestra. Y en su quietud, guarda memoria, legado y amor.