Por qué pinto

Por qué pinto

Como artista, resulta profundamente gratificante ver que tu obra encuentra un hogar donde será apreciada. Todos hacemos esto porque sentimos con gran intensidad las formas y los colores que creamos, y saber que alguien más comparte nuestra pasión y ama la manera en que la expresamos nos hace sentir conectados con el mundo. 

No todos lo hacemos para decirle algo a los demás; de hecho, los artistas a menudo expresan emociones personales e intentan capturarlas en su trabajo, un poco como un diario íntimo. En mi caso, siempre busco dar forma a ese grito que se siente crecer por dentro cuando uno se ve desbordado por el amor y la alegría. Para mí, a menudo es algo lúdico. A veces es simplemente un pensamiento divertido que abre la puerta a un nuevo tema. Tiendo a evitar pintar cuando me siento triste o desanimado. O bien uso la pintura para levantarme el ánimo. No pinto tristeza ni desesperación, porque ya hay demasiada en el mundo real.

Por eso, gran parte de mi trabajo tiene sujetos sencillos: abstractos, pero con iconos comunes y accesibles que todos reconocen, como los corazones. Y por eso uso colores vibrantes y atrevidos, que representan esa parte que grita. 

En mi caso, quiero comunicar precisamente eso. Quiero compartir esta sensación maravillosa y esperar que haga sentir lo mismo a los demás. Mi esperanza es que, si suficientes personas pueden hacer suyas esas imágenes, se irán extendiendo y comenzaremos a querernos un poco más los unos a los otros.